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La batalla de Babilonia
Capítulo 17

Cómo el Sultán fué derrotado y llevado prisionero a la tienda del Rey Isor de Damasco

Acompañamiento musical

Ya habéis oído suficientemente cómo comenzó la gran batalla que tuvo lugar delante de Babilonia entre el Sultán y el Rey de Damasco, cada uno de los cuales se esforzaba por destruir a la parte contraria.

La batalla fue muy grande y horrible de ver. Nadie tenía piedad de nadie. El Sultán luchaba muy valientemente y no encontraba persona delante de él que pronto no estuviera muerto o al menos tumbado en tierra. Arengaba continuamente a su gente. En ciertos momentos hacía retroceder a sus enemigos, en otros momentos eran los babilonios quienes tenían que retroceder. El Rey de Tarsia, que estaba acompañado por treinta mil hombres valientes y hábiles con las armas, vio que los babilonios se esforzaban por matar y dar de tajos a los damasquinos y que ello se debía a que el Sultán los arengaba de tal manera que lograba maravillas de su gente. Penetró en la batalla con la espada pronta, teñida con la sangre de sus enemigos. Daba horror ver el gran daño que hizo al acercarse a los babilonios, porque todo el que se encontraba delante de él caía por tierra. Cuando el Sultán observó esto, se puso a clamar a Mahoma porque veía que su gente estaba siendo derrotada. Comenzó a gritarles: "Babilonios, recordad que vuestros antepasados vencieron a los damasquinos. ¿Qué ha sucedido con vuestras fuerzas, dónde están vuestros recuerdos de las grandes victorias triunfales que habéis tenido sobre todas las naciones?". Entonces los babilonios, habiendo oído la arenga del Sultán, comenzaron a esmerarse de tal manera que hicieron retroceder a los damasquinos y hacerlos perder sitio, quisiéranlo éstos o no.

Viendo el Rey Isor a su gente en retirada, llamó al Rey de Tarsia y le dijo: "Sobrino, si no encontráis prontamente la forma de que el Sultán sea muerto, temo que la derrota será nuestra". El Rey de Tarsia, que por el momento era el más fuerte y robusto de Oriente, escuchó a su tío y supo que éste decía la verdad. Tomó una gruesa lanza y se dirigió hacia el Sultán, quien en ese momento mataba al Emir de Orbrie que era su sobrino, hijo de su hermana, lo que le produjo tal dolor de corazón que no le permitió dudar más. Bajó la lanza y se fue contra el Sultán. Este, que lo había visto llegar, vino a su encuentro. Chocaron las lanzas con tal fuerza que la del Sultán saltó en pedazos; pero la del Rey de Tarsia, siendo más fuerte y rígida, no se rompió sino que, golpeando tan fuertemente en el medio del escudo del Sultán,

Mnuscrito Lord Devonshire: La tienda del Rey Isor.jpg

lo hizo pedazos. El golpe fue tan duro y tan pesado que el Sultán no tuvo fuerza ni poder para aguantarlo y cayó de la silla de su destrero a tierra. El Rey de Tarsia, viendo al Sultán en el suelo, arrojó su lanza y echó mano a la espada. Vino hacia el Sultán que ya se había levantado, gritando" "¡Oh, Sultán de Babilonia! Tu defensa no puede garantizarte que no me dejes tu cabeza como prenda. Te aconsejo que te rindas ante mí". El Sultán, viéndose de pie entre sus enemigos, tuvo gran miedo de morir. Comenzó a gritar "¡Babilonia!" para que su gente acudiera a socorrerlo; pero estaban muy atrás y nadie pudo venir a ayudarlo. No obstante, como valiente y hábil caballero se preparó para defenderse. A uno de sus enemigos le cortó una mano, a otro un brazo, a otro le abrió la cabeza hasta los sesos. Pero, a pesar de su defensa, fue capturado por el Rey de Tarsia y llevado ante el Rey Isor de Damasco que inmediatamente lo envió a las tiendas.

Entonces recomenzó la batalla, grande y maravillosa. Muchos caballos huían por los campos, mientras sus amos yacían muertos entre la sangre y el barro. Los babilonios, al ver que su Señor había sido capturado y el estandarte principal yacía por tierra, comenzaron a huir hacia la ciudad; y el Rey de Damasco los perseguía matándolos por montones, de manera que todos los caminos estaban cubiertos de cadáveres. Cuando el Rey Isor comprobó que había ganado, hizo tocar a retirada y regresó a su tienda, alabando a Mahoma por su bella victoria.

Por el momento dejemos de hablar de los damasquinos que con gran gloria regresaron a sus tiendas, donde se quitaron las armaduras para estar más cómodos. Y hablemos de Gillion de Trazegnies que en ese momento estaba en la habitación de la bella Graciana.