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La separación de los hermanos
Capítulo 43

De cómo Jean de Trazegnies fue encerrado en el mismo calabozo en que lo había estado antes Gillión, su padre, y de las lamentaciones que hacía

Acompañamiento musical

Manuscrito Devonshire iluminacion.jpg

Bastante habéis oído por lo que antecede cómo los dos hermanos fueron capturados por los piratas de mar y separados uno de otro: Gérard fue llevado a Esclavonia conforme lo hemos mencionado y Jean, su hermano, fue llevado por los sarracenos de África ante el Rey Fabur de Moriena, que estaba en Trípoli de Barbaria.


Al ver el Rey Fabur que la nave atracaba en el puerto, creyendo que se trataba de buenos mercaderes, descendió de su palacio y vino hacia la embarcación. Entró en ella y advirtió que habían ahí grandes riquezas. Después vio también a los prisioneros. Preguntó al patrón de qué gente se trataba y éste le dijo que unos eran sarracenos y otros cristianos. Entonces el Rey Fabur se dirigió en alta voz a los prisioneros y les preguntó cuál de ellos era cristiano. "Sire", dijo Jean, "soy el único creyente en Jesucristo". "Vasallo", le dijo Fabur, "puesto que sois cristiano, podéis creer ciertamente que habéis llegado a muy mal puerto. Porque en vos será vengada la gran pérdida que sufría hace ya un año por un cristiano que, con palabras engañosas y con trampas, se escapó de mis prisiones; y hasta ahora no he perdido nunca algo que me diera más disgusto. Tantos males y muertes causó entre los que creían en la ley de Mahoma, que mientras yo tenga vida, a los creyentes en Jesucristo que caigan en mis manos los haré morir con gran martirio: vos seréis el primero que pagaréis por el que se me escapó otrora". Cuando Jean escuchó al rey Fabur, se dijo a sí mismo: "Buen Sire Dios, pienso y creo firmemente que es de Gillion, mi padre, que el Rey hace mención". "Sire", le dijo Jean al Rey Fabur, "puesto que me haréis morir por culpa de ese cristiano del que habláis, os ruego que me queráis decir al menos quién era y cómo cayó en vuestras manos". "Vasallo", le dijo el Rey "quién es, no lo sé; pero se llamaba Gillion, y quiso Mahoma que estuviera aquí y que nos causara muchos problemas para escaparse, logrando salir libre". Cuando Jean escuchó al Rey Fabur, supo en verdad que era su padre quien había estado ahí prisionero. Se dijo: "¡Oh, verdadero Dios, qué infortunio el mío!. Jamás veré a mi padre ni a mi hermano Gérard, a quien Dios quiera confortar. En cuanto a mí, mi vida ya no vale nada". Tanta pena tuvo en su corazón, que cayó desmayado a los pies del Rey Fabur. Inmediatamente un gran número de sarracenos lo cogió y lo llevó al calabozo donde antes había estado su padre. Ahí a menudo oraba a Nuestro Señor en forma muy triste: ¡qué pena de que jamás veré a mi padre ni a mi hermano ni a mi señora madre!. Porque veo perfectamente que este Rey pagano me dejará morir aquí en este calabozo o me hará sufrir martirio".

Así como lo oís, Jean presentaba sus quejas a Nuestro Señor. Pero de todas maneras fue suficientemente afortunado en lo que se refiere al guardián bajo cuyo cuidado estaba. Era un joven que le traía siempre una cantidad razonable de comida y de bebida. Varias veces lo amonestó para que creyera en la ley de Mahoma; pero Jean no podía consentir en ello, ni aún a cambio de liberarse de la muerte. Dejaremos de hablar de Jean y regresaremos a su hermano Gérard.